Abrimos este número con un ensayo dedicado al compositor italiano Giulio Caccini (1550-1618). Aunque nacido en Roma, fue contratado muy joven, con 15 años, por Cosimo de Médicis para intervenir como cantante en la boda de su hijo Francisco y su vida transcurrió en Florencia, donde sucedió a Cavallieri como director musical de la Corte.
El compositor alemán Johann Adolf Hasse (1699-1783) ocupa nuestra portada y nuestro ensayo central merced a un interesante trabajo realizado por la especialista francesa Annie Choisy Kress, que mereció el tercer premio en el Concurso Goldberg, y que ha servido para rescatar la memoria de uno de los más grandes compositores de ópera del XVIII y una de las personalidades más subyugantes de su tiempo.
El compositor Johann Hieronymus Kapsperger (1580-1651) ocupa en esta ocasión el ensayo central de nuestra revista. Conocido en la actualidad por su obra solista para tiorba y laúd, Kapsperger es tal vez uno de los personajes más enigmáticos de la Italia de principios del siglo XVII, tal y como nos relata Daniel Zuluaga en su excelente artículo. Una Italia que, aunque lejos de ser una entidad homogénea y mayormente bajo dominio de la España de Felipe III, fue fuente inagotable de la vanguardia musical europea.