Acaba de aparecer su grabación de Dido y Eneas de Purcell, con «registros» vocales –Susan Graham, Ian Bostridge y Felicity Palmer– no estrictamente muy barrocos...
Todo ha ido formidablemente bien con Susan Graham. Es una artista muy completa: una voz magnífica, una capacidad dramática extraordinaria y una inteligencia maravillosa para comprender el texto. No sé quién aportó más a quién; en este sentido, si yo tenía aspectos estilísticos e indicaciones interpretativas que proponerle, ella a su vez me sugería otras, sobre todo un dramatismo innato. Es sin duda una de las grandes Didos del mundo, simplemente porque es exactamente el personaje y su voz. De hecho, escogí el reparto a partir de ella.
Según criterios muy personales, no sólo vocales.
Dido es una obra muy misteriosa. Tomemos por ejemplo las circunstancias de su creación; durante mucho tiempo se ha creído que la primera interpretación estuvo a cargo de las alumnas de un colegio. Pero hay que señalar que una muchacha de esa edad puede como mucho tener una voz de mezzo. Hoy sabemos con bastante certeza que se trató de una interpretación en la corte, aunque no se esté seguro de si realmente fueron muchachas o artistas adultos. Lo mismo ocurre con los instrumentos: no tenemos la certidumbre de si el conjunto instrumental fue muy reducido o más bien considerable. Frente a estas incertidumbres musicológicas, me inspiré en primer lugar en mi Dido para construir el resto. Siendo Susan quien iba a encarnar a Dido, escogí a partir de ella la maga, y opté por una formación musical más rica, con vientos, ya que era una opción posible en la época. En la partitura pueden encontrarse indicaciones tan poco claras como “música horrible” o “chacona”, y desde ese momento decidimos interpretarla como pensamos que debíamos hacerlo.
En cualquier caso, con ello ha conseguido una atmósfera muy inglesa.
Dido es una obra muy anglosajona, y es muy importante que Susan sea de lengua inglesa, como la mayoría del reparto. Existe una familiaridad vocal que es muy difícil de imitar. En música antigua la lengua define enormemente la musicalidad. Lo mismo que para el coro: preferí escoger una formación británica, The European Voices, por sus matices vocales y su homogeneidad típicamente inglesa. Mi primera idea fue formar un coro francés, pero me pareció muy difícil obtener a tiempo el color anglosajón que necesitaba Dido. Ya había mucho trabajo con la orquesta. De todos modos, entre mis intenciones está la de crear mi propio coro.
Recientemente ha emprendido usted, siempre con Le Concert Astrée, las grandes páginas corales del Dixit Dominus de Händel y el Magnificat de Bach, mientras que antes se inclinaba más por el bel canto barroco.
Es cierto. Primero escogimos pequeños motetes del repertorio francés, una música que me gusta mucho, muy intimista y expresiva. La etapa siguiente y lógica fueron las grandes catedrales sonoras, una música verdaderamente pensada para el coro, con el objetivo de llegar a abordar algún día los grandes oratorios de Händel. Aquí influyó mucho mi evolución personal, particularmente con Theodora en Glyndebourne. Es un Händel muy distinto del que yo había trabajado anteriormente, casi otro compositor. Adoro el Händel de sus primeros años, el italiano, de una inspiración y luminosidad insólitas, un gran hipnotizador que absorbió el lenguaje italiano con rapidez. Se trata del músico que creó Rinaldo en Inglaterra, con un solo de violín increíble aquí, una cadencia de clave asombrosa allá, audaces arias para cantantes extraordinarios, etc. Pero el hombre, al final de su vida, el Händel de Theodora, ya no tenía nada que demostrar, y es ahí donde surge otro mundo, con un clima místico, grandes construcciones de profunda inspiración, con la presencia de un coro que es prácticamente el protagonista. Las preocupaciones psicológicas individuales de la ópera seria quedan desde ese momento muy lejos, se entra en una distinta búsqueda espiritual. Uno casi tiene la impresión de que Händel se estaba despidiendo del mundo, como la propia Theodora en su aria del primer acto, Fond flatt’ring world. Después de esta realización, producida por Peter Sellars, muy conmovedora por su interioridad y con la ejecución en escena de dos mártires, decidí tener en cuenta mi trayectoria personal, y escogí el Dixit Dominus y el Magnificat. Pero no cabe duda de que algún día abordaré los grandes frescos corales tanto de Händel como de Bach.
|
Adoro el Händel de sus primeros años, el italiano, de una inspiración y luminosidad insólitas, un gran hipnotizador que absorbió el lenguaje italiano con rapidez. Se trata del músico que creó Rinaldo en Inglaterra, con un solo de violín increíble aquí, una cadencia de clave asombrosa allá, audaces arias para cantantes extraordinarios...
|
Aunque usted siempre los ha tenido presentes...
En realidad esta música siempre ha estado muy cerca de mí, la tenía en mente. Pero hay que estar preparado, cuanto menos, antes de abordar la Misa en si menor o la Pasión según San Mateo, o incluso las grandes cantatas de Bach. En enero de 2004 he empezado a trabajar las cantatas más ligeras, como la llamada Cantata de bodas, por ejemplo. El dramatismo de estas piezas, incluso del Dixit Dominus o el Magnificat, no es el mismo que el de las grandes obras corales de Bach o los oratorios de madurez de Händel. No obstante, las partituras del Dixit Dominus y del Magnificat son muy complejas, de entrada porque sus dificultades aterran a los cantantes. En el Dixit, concretamente, hacen falta recursos técnicos increíbles para todo el mundo; se está en una dimensión espiritual, aunque se trate de una obra deslumbrante.
|
|
|
|