|
Díganos algo sobre su vida anterior. ¿Cuándo empezó a cantar?
Comencé a los ocho años en Windsor, en una escuela primaria con coro [The Chapel Royal]. Después seguí como estudiante de música en un colegio privado y a continuación ingresé en Oxford, donde fui estudiante de coro en la Christ Church. Fue en ese momento cuando comencé a sentir gran interés por la música antigua. Creo que tanto Oxford como Cambridge fomentan considerablemente la creación de grupos espontáneos que optan por la música antigua, y también yo di comienzo a uno, al que bauticé con el nombre de The Clerks’ Group.
¿Fue en 1988?
Sí...
¿Puedo interrumpirle un momento? Me parece que esta tradición coral de Oxford es, tal vez, una obviedad en este país pero, dado que el público de Goldberg es internacional, puede haber lectores que no estén tan familiarizados con ese trasfondo. Quizá podría darnos una breve explicación de qué es y qué significó personalmente para Ud.
Bueno, hay aquí dos aspectos. El primero es muy práctico. Como tiple y como estudiante de coro se aprende a repentizar. Esa lectura a primera vista ha de ser muy rápida y, en mi opinión, la capacidad de tomar una pieza e interpretarla tras un ensayo es algo que influye en todo el mundo coral inglés. Podríamos pasarnos la vida entera hablando de ello y creo que se trata de algo muy importante.
El segundo es un asunto más estético, me parece a mí. Se trata de hacer parte de la propia naturaleza la implicación entre culto y música -una música bellamente interpretada- y de aumentar el amor por ésta por el mero hecho de conocer esa implicación. Pienso, por otra parte, que el hecho de educarse en la tradición de las choir schools acarrea varias desventajas, lo cual tiene a su vez dos aspectos. El primero es que, si no se actúa con cuidado, un grupo como The Clerks’ Group acaba siendo etiquetado de forma indiscriminada como “grupo inglés tipo Oxford”. Es algo de lo que muchos grupos recientes -incluido The Clerks’ Group- intentan alejarse a toda costa. En segundo lugar, la capacidad de repentizar muy bien tiene también su otra cara de la moneda, consistente en que, a veces, se aborda la música con cierta autocomplacencia: quien puede cantar las notas es capaz de interpretar la música. En realidad, se trata de un error garrafal. Durante los últimos tres años he dirigido un coro de aficionados que se ve obligado a trabajar a un paso algo más lento debido a su incapacidad para repentizar así, lo cual me parece muy gratificante pues permite, de hecho, introducirse en la música. Por la misma razón, los grupos del Continente, compuestos por cantantes que quizá no son tan capaces de repentizar, tienen a veces la ventaja de poder dar interpretaciones más profundas porque, tal vez, han peleado algo más con ellas. Esto me lleva a un asunto sobre el que volveremos más adelante. Me refiero a la lectura de la notación de época, de la que soy un auténtico entusiasta, en parte porque vamos a tener que luchar con la música, al tratarse de una escritura con la que no estamos familiarizados. De ese modo aprenderemos la música ladrillo a ladrillo, breve a breve, y nos haremos una idea de ella que a veces se nos escapa en la práctica diaria, debido simplemente a la falta de tiempo y a nuestra facilidad para leer las notas.
|
|
|
|