Una mujer simpática y natural que confiesa cantar en la ducha, Marta Almajano (Zaragoza, 1965) siempre está dispuesta a una charla agradable.
Ella es hoy una de las voces más prestigiosas en el mundo de la música antigua.
Ernesto Schmied conversó con ella el pasado noviembre en su casa de Zaragoza.
Durante unos minutos en los que me ofrece un té en su casa de Zaragoza, Marta Almajano me cuenta, entre otras cosas, que le encantan la literatura y la gastronomía mediterráneas. Alrededor hay muchos muebles antiguos, procedentes en gran parte de su familia, que se los restaura una amiga.
De una de las paredes del salón cuelga un llamativo cuadro: me acerco a él y veo la imagen de un santo realizada con pequeños trozos de paja recortados con una minuciosidad casi obsesiva. Lo hizo un familiar suyo hace mucho tiempo y ella lo rescató de entre el polvo. |
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