Sin embargo, cada una de esas directrices es limitada a su manera y deja, además, mucho campo abierto a las interpretaciones personales.
Ésa es la razón de que, para hacerse una idea más completa de la posible interpretación original de la música de Bach, los estudiosos se hayan apoyado en otras fuentes de información, como sus partituras, los comentarios de sus contemporáneos o el estudio de los instrumentos del propio compositor.
Este breve estudio general se centrará en los siguientes campos amplios de la práctica interpretativa bachiana: Número de voces e instrumentos; el órgano; otros instrumentos; ornamentación y bajo continuo; tempo, ritmo, dinámica y articulación; diapasón y afinación.
Número de voces e instrumentos
La fuente básica para el número de voces e instrumentos preferido por Bach es su propio Esbozo breve, pero sumamente necesario (Kurtzer, jedoch höchstnöthiger Entwurff), presentado al ayuntamiento de Leipzig el 23 de agosto de 17301. En él bosqueja lo que consideraba mínimamente necesario para la ejecución de sus obras vocales y orquestales de música sacra interpretadas en Leipzig. Por lo que respecta a su coro establecía que, para cada una de las voces de soprano, contralto, tenor y bajo, se debía disponer de tres o preferiblemente cuatro cantantes. Según la interpretación de varios directores modernos, entre ellos Ton Koopman (que ha acometido la grabación del ciclo completo de las cantatas), ello querría decir que el coro de Bach constaba normalmente de tres a cuatro voces por parte, resultando un total de entre 12 y 16 cantantes2.
Sin embargo, Joshua Rifkin ha expuesto hace ya unos decenios una interpretación distinta; según él, el coro preferido por Bach constaría de un cantante por parte, y sólo se recurriría a vocalistas adicionales de manera ocasional, a modo de refuerzo3. Rifkin cita como prueba la tradición alemana (reconocible también en otros países) del empleo de “concertistas”, un coro esencial de voces solistas compuesto generalmente por cuatro cantantes varones (SATB), pero ampliado a veces de tamaño para ciertas obras. Se trataba del grupo de cantantes preferido (denominados a veces “favoriti”), capaces de ejecutar una polifonía intrincada. Según la opinión de Rifkin, dicho grupo habría interpretado, por ejemplo, sin cantantes adicionales muchas de las cantatas a cuatro voces, la Misa en si menor, que emplea cinco, y el Magnificat, que utiliza ocho. Además de este coro básico, otros cantantes, llamados “ripienistas”, rellenaban a veces el sonido, en especial en el canto de corales o motetes más sencillos de compositores anteriores. La necesidad de esos intérpretes añadidos expuesta por Bach parece explicar su demanda de 12 a 16 cantantes al ayuntamiento de Leipzig, los suficientes para completar la cifra de cuatro a ocho concertistas y de cuatro a ocho ripienistas suplementarios. Rifkin ha grabado últimamente varias cantatas con el Bach Ensemble sirviéndose de un coro compuesto de esa manera.
Joshua Rifkin ha apoyado principalmente este planteamiento en un estudio de las partituras utilizadas por Bach. Según sus averiguaciones, en el caso de muchas de las obras compuestas en Leipzig existe sólo una copia para cada uno de los cantantes concertistas, y no suele haberlas para los del ripieno. En las copias que implican la presencia de ripienistas (sólo 9 de los 150 juegos conocidos), la música para éstos se limita a determinadas secciones, por lo que sus particelas particulares eran menos extensas que las de los concertistas. Según referencias contemporáneas, los ripienistas se colocaban separados de los concertistas, lo cual hacía necesario que dispusieran de sus propias partituras. El director Andrew Parrot ha apoyado las conclusiones de Rifkin4.
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