¿Qué misteriosa fuerza deben poseer unos textos líricos que han pervivido durante siglos, y no sólo como textos literarios sino también como inspiración del misticismo y de la espiritualidad de los fieles y devotos de tres religiones que, en principio, se reivindican como “diferentes” y que a lo largo de la historia antigua, moderna y contemporánea han sido antagónicas: la judía, la católica y la protestante?
Se trata de los Salmos de David, ciento cincuenta textos que expresan la profunda cualidad de la revelación bíblica, la conexión entre Dios y el hombre: junto a la palabra divina encontramos la respuesta humana, sus pasiones, las preocupaciones cotidianas, la queja del hombre ante la imposibilidad de vencer los propios pecados.
Palabras humanas que demandan la salvación, que ensalzan a Dios, y que también piden venganza contra los enemigos. |
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