| La dificultad de escritura de los sonidos sobre el pergamino fue una de las mayores preocupaciones de los músicos de la Alta Edad Media. Las diversas tentativas de representación espacio-temporal, plasmadas primero en neumas in campo aperto y después en las notaciones del tipo guidoniano, eran claramente incompletas a la hora de representar todos los parámetros de la música. La exhaustiva precisión rítmica comunicada por las notaciones neumáticas de 'primera generación' pasó a un segundo plano ante los innnegables avances patrocinados por Guido d’Arezzo. La notable mejora del sistema por parte del monje de Pomposa invertía los términos de la memoria de los cantores: para un cantor de San Galo, acostumbrado a leer su notación, ésta le informaba de todo cuanto necesitaba saber, ritmo e indicaciones agógicas ocasionalmente apoyadas por algunas precisiones melódicas (letras significativas, etc.). El resto lo suplía con su portentosa memoria, desarrollada en un aprendizaje que duraba no menos de nueve años. |
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