“Hacía ya tiempo que las murallas no desempeñaban su función original, defender la City de asedios y ataques, y el Londres del siglo XVII se expandía en todas las direcciones.
La City estaba densamente poblada, con estrechas callejuelas y edificios medievales de madera que ocultaban el cielo con sus pisos colgantes. Una multitud de tiendecillas vendía mercancías de todo tipo.
Era ruidosa, con tenderos y aprendices pregonando las excelencias de sus mercaderías y el contínuo traqueteo de los coches y carros que recorrían sus calles adoquinadas.
Había numerosos coches de alquiler y sus conductores solían pelear entre sí e injuriar a los criados de los habitantes más adinerados. El tráfico era terrible, y peor todavía el hedor de la ciudad, debido al extremado primitivismo del alcantarillado”.
De Henry Purcell, por Robert King |
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