Il dilettante
La biografía de Albinoni, como la de muchos de sus contemporáneos, se ha reducido durante muchos años a unos cuantos datos esquemáticos que mezclaban anécdotas, leyendas y caricaturas sobre un fondo de verdad histórica. Aún hoy, la tarjeta de visita del músico en el Quién es quién de los compositores del Barroco tardío suele resumirse en unos cuantos tópicos: Albinoni aparece representado allí como un rico veneciano, gran amigo de Antonio Vivaldi, propietario de una fábrica de naipes, que vivía de sus rentas y se dedicaba a la música como aficionado. Nada es del todo falso en esa noticia, desde luego, pero tampoco hay en ella nada que sea plenamente verdadero. Como suele ocurrir, la realidad, menos romántica que la leyenda, nos ofrece un rostro a la vez más complejo y más prosaico. Un rostro que hoy en día, a pesar de múltiples zonas de sombra y de unas fuentes documentales muy parcas, se puede reconstruir a grandes trazos gracias a los notables trabajos realizados en el curso de la segunda mitad del siglo XX por algunos investigadores de talento, entre los que figura en primera línea Michael Talbot, especialista mundial en Albinoni y autor, entre otras publicaciones, de la obra de referencia sobre el compositor.1
Tomaso Giovanni Albinoni nació en Venecia el 8 de junio de 1671. Su padre, Giovanni Antonio, natural de la región de Bérgamo, se había instalado en la Laguna veinte años antes. Allí entró, en calidad de aprendiz, al servicio de la viuda de un tal Pasinato, propietaria de una imprenta. Si Giovanni Antonio había ido a Venecia buscando fortuna, el destino pronto iba a favorecer sus deseos, pues a raíz del suicidio del único hijo de su patrona, fue nombrado legatario principal de la rica mujer de negocios, de cuyo fondo de comercio heredó una fábrica de naipes y varios bienes inmuebles al morir ella en 1684.
Giovanni Antonio Albinoni había tenido ocho hijos de su matrimonio con Lucrezia Fabris, con quien se casó en 1668. Por su condición de hermano mayor, Tomaso estaba naturalmente destinado a ser el principal beneficiario de la feliz fortuna familiar al heredar en su momento la empresa de la imprenta. Por lo demás, recibió la formación profesional requerida y alcanzó el grado de maestro, título que le permitiría explotar personalmente la fábrica de naipes. Sin embargo, su atracción por la música iba a contrariar muy pronto los planes de su padre. Aunque nos han llegado pocas informaciones sobre su educación musical, aparte de la leyenda tradicional (compartida, por lo demás, con Vivaldi) de haberse formado con Giovanni Legrenzi, maestro de capilla de San Marcos, está confirmado que, siendo un muchacho, siguió con éxito cursos de canto, violín y composición y que emprendió rápida y resueltamente el camino de las artes. En 1694, a los 23 años, realizó su ingreso oficial en la vida musical ofreciendo simultáneamente al público veneciano su primer opus de música instrumental y su primera ópera, doblete simbólico que anunciaba una carrera que iba a ser compartida con gran armonía por la producción para instrumentos y voz.
Sin embargo, en aquel momento, la condición del joven compositor era aún híbrida: su opus 1, colección de suonate a tre, lo presenta, efectivamente, como “musico di violino dilettante veneto”, y no como profesional. La palabra dilettante era entonces un término despojado por entero de cualquier connotación peyorativa y designaba, en cambio, de manera halagüeña a quien “se dedica a un arte por placer”. Y a juzgar por la elogiosa dedicatoria firmada por el poeta Antonio Marchi en el encabezamiento del libreto de su primera obra, Zenobia, regina de’ Palmireni, representada en el Teatro dei Santi Giovanni e Paolo de Venecia durante el carnaval de 1649, Albinoni parecía combinar con brío arte y placer: “La música”, escribe Marchi, “es del Sr. Albinoni, quien, aunque compone por placer, se eleva a la categoría de los mejores profesores”. No hay duda de que el joven Albinoni hallaba placer a manos llenas en sus actividades musicales, pues a su opus 1 le siguieron un opus 2 —recopilación de seis sinfonías y otros seis concerti a cinque—, en 1700, y en 1701 un opus 3, que reunía doce baletti a tre.
En 1697, Albinoni reanuda sus pasos iniciales en los escenarios venecianos con la presentación de su ópera Tigrane, re d’Armenia en el teatro de San Cassiano. En la dedicatoria, el libretista Giulio Cesare Corradi dedica, a su vez, un cumplido al excepcional talento del compositor preguntándose elogiosamente si conviene honrarle como simple aficionado o si no sería, quizá, más justo alabar en él a un “perfetto maestro nella musica”. Al año siguiente, Albinoni musicó para el mismo teatro L’ingratitudine castigata, de Silvani, probablemente con éxito, pues la obra se repuso en el S. Cassiano en 1702 y, luego, en el Regio Ducal de Milán en 1711. Aunque siguió presentando sus obras en el S. Cassiano y en el S. Angelo, Albinoni comenzó a ofrecer también óperas fuera de Venecia. Primero en Nápoles, en 1702, donde, sus notas se mezclaron con las de Jean-Baptiste Stuck en un Rodrigo in Algieri, ópera presentada por el teatro S. Bartolomeo para conmemorar el cumpleaños de Felipe V, rey de España. Luego en Florencia, donde, en 1703, se estrenaron Aminta y Griselda, “con una música maravillosa”, según el libreto. Ese mismo año, y en la misma ciudad, participó junto con Alessandro Scarlatti y Giovanni Bononcini en la composición de un oratorio colectivo titulado I trionfi di Giosuè, encargado por la cofradía di Gesú, Maria e Giuseppe e della SS Trinità.2 También compuso para Génova, donde su ópera Il piu fede tra i vassalli se representó con motivo de la inauguración del nuevo teatro Falcone. A partir de ese momento, la fama de Albinoni como compositor lírico se difundió con rapidez por toda la península. Su nombre apareció así mismo al lado del de Francesco Gasparini en un pasticcio titulado L’Alarico o l’ingratitudine castigata, compuesto en Palermo en 1705. No obstante, el joven músico no encauzó todos su esfuerzos hacia la escena. Por aquellas mismas fechas se dedicó con igual intensidad a componer cantatas de cámara, entre las que figuran las doce Cantate da camera a voce sola del opus 4, publicadas en 1702. Hasta 1715, aproximadamente, Albinoni compondrá unas cuarenta para soprano o contratenor y bajo continuo.
A pesar de esa producción intensa, Albinoni sigue combinando sus actividades industriales y artísticas y no se lanza todavía a una carrera musical profesional, paso que parece haber dado, no obstante, en 1705. En esa fecha, Giovanni Antonio redacta, efectivamente, un testamento que nombra herederos de la empresa familiar a los dos hermanos menores de Tomaso y se limita a otorgar al mayor una parte de los beneficios, excluyéndolo de cualquier intervención en la gestión de la actividad comercial.
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