La contracubierta del folleto que acompaña al disco afirma que “Schütz no tuvo nunca la posibilidad de escuchar su música interpretada por formaciones como ésta y a una escala semejante, pero habría defendido, seguramente, con energía una experiencia acústica tan extraordinaria”. Aunque es muy frecuente que “apostillas” publicitarias como ésta constituyan una exageración oportuna, en el presente caso no puedo menos de considerarla verdadera.
La monumentalidad sonora del NYCGB y su pasmosa agilidad nos dejan mudos de asombro –nunca tenemos la sensación de que la gran hondura de la retórica musical demostrada claramente por Mike Brewer corra peligro al tener que trabajar con una formación tan descomunal (¡140 voces!)–. Al contrario: sentimos que un grupo tan numeroso es absolutamente capaz de inmensos extremos de dinámica y articulación: el ppp no es jamás un problema para este coro grande y bien adiestrado, y algunas de la secciones más danzantes de Schütz, como por ejemplo Ich weiss, dass mein Elöser lebt, con su fraseo ligeramente airoso, se han de oír para creer en ellas. Vemos aquí plasmado un fascinante sentimiento de disciplina coral combinada con una alegría auténticamente exultante (la única excepción muy leve a esa perfección general de afinación y fusión parece ser el inicio del Deutsches Magnificat).
Por si fuera poco, estas estimulantes interpretaciones de la música coral de Schütz aparecen entreveradas con música para órgano de Samuel Scheidt bellamente tocada por John Kitchen. Altísimamente recomendable, no sólo para los admiradores de Schütz. IVAN MOODY