El op. 9 (escrito c. 1769) marcó la aparición de Haydn como el gran pionero en el género del cuarteto para cuerdas. Más tarde habría de desear que estas piezas hubiesen sido sus primeros cuartetos difundidos entre entendidos musicales e instrumentistas de Europa. Haydn había compuesto dos series previas unos diez años antes, pero se trataba de obras breves y ligeras, más funcionales que las inspiradas y extensas exploraciones que hallamos en el op. 9. Las interpretaciones del London Haydn Quartet son maravillosas. El grupo –que ha realizado su primera grabación para Hyperion– logra una asombrosa paradoja entre sensibilidad individual en cada parte y unidad global en el conjunto. Los movimientos más poderosos, que sugieren una concepción más sinfónica en Haydn, están bellamente tratados, con una perfecta síntesis de elegancia, calidez, emoción y gusto. El largo lírico del nº 3 en Sol mayor es un excelente ejemplo de la ejecución bien torneada del cuarteto y de su fusión exquisitamente equilibrada.
Las secciones rápidas y los minuetos, de ritmo más vivaz, se interpretan también con brillantez, gracia e inteligencia pasmosas. Se trata de realizaciones sumamente articuladas, sutiles y civilizadas. Los instrumentistas se muestran obviamente absorbidos por la música, y su curiosidad por el repertorio se evidencia en la decisión de prescindir de ediciones modernas y tocar con la edición londinense de 1790 publicada por Longman y Broderip. El ensayo de Richard Wigmore sobre esta música es una combinación perfecta de erudición y legibilidad, y el equipo de ingeniería de sonido de Hyperion ha realizado una labor espléndida. Se trata de uno de los mejores discos de Haydn que he escuchado desde hace bastante tiempo. DAVID VICKERS