Esta grabación compite con muchas versiones excelentes, incluyendo la muy celebrada del propio Pinnock de 1982 (véase la discografía de la entrevista que Graham Lock hizo a Pinnock en el número 43 de Goldberg). Pinnock escribe que “en 1982, me pasmaban la disciplina y el orden de Bach”, mientras que “hoy disfruto de su talante osado y de su subversión musical”. Verdad es que no se puede decir que ésta sea la versión más subversiva del catálogo, pero Pinnock parece más flexible y más matizado en ella que en la anterior.
El palpable sentido de diálogo retórico refleja la intención de Pinnock de “desbrozar cualquier concepción estrecha de estilo historizante” invitando a “intérpretes de diferentes países y distintas generaciones a unirse a mi nuevo viaje de exploración”. A pesar de que las interpretaciones no son de solista por parte, la versión produce, con todo, una sensación camerística (que la decisión de Pinnock de emplear un violone de ocho pies –más ligero– en casi todos los conciertos, intensifica). Esto hace posible una atmósfera cordial, subrayando la elocuencia expresiva a través de un ímpetu sereno pero marcado.
Las atractivas sonoridades han sido exquisitamente capturadas por la cálida grabación. La versión de Pinnock, como la de Alessandrini (véase la reseña de Brian Robins en Goldberg 38), ofrece un nuevo enfoque de los Conciertos de Brandenburgo sin rendir culto a la novedad por la novedad. Ambas versiones son fruto del trabajo de extraordinarios músicos cuyas inquisitivas mentes pueden aún enriquecer nuestra comprensión de estas obras tan frecuentemente grabadas. URI GOLOMB