A pesar del desconocimiento que se tenga de un repertorio como el andalusí, que suena cuanto menos exótico a nuestros oídos occidentales más de cinco siglos después de que se apagase su sonido en Al-Andalus, la música y los músicos de calidad son fáciles de reconocer.
Salím Ferganí es un cantor e intérprete de laúd argelino continuador de una secular tradición oral transmitida por sus antepasados; se apoya con un cuarteto instrumental (violín, que sustituye al viejo rabel, flauta y dos percusionistas). Nada que ver la calidad y convicción de su voz con la de intérpretes “reciclados” que ofrecen como “antiguo” lo que no es sino folklore. La expresividad, la naturalidad del canto aflora por doquier, a pesar de la imposibilidad de entender qué dice (la traducción de la letra, que se da, ayuda pero no es suficiente en casos como éste).
Lo que dice es un original poema de un místico de nombre al-Darif al tunisi que falleció en el año 1385 de la era cristiana. Compuesto en recuerdo de la muerte de un niño, se divide por estrofas que corresponden a distintos modos que se van sucediendo a medida que la música –y la letra– cambian; de ahí su título: La noria de los modos. Apreciarlos, sin conocerlos, es tarea harto difícil, por no decir imposible, aunque se noten diferencias entre ellos. Unas breves indicaciones al respecto en el libreto habrían sido muy útiles, facilitando la difusión del CD no sólo entre los amantes del género sino también entre aquellos que puedan sentir curiosidad por descubrirlo. MARICARMEN GÓMEZ