Al igual que otros compositores activos en Venecia a principios del siglo XVII, Giovanni Battista Grillo tuvo la mala suerte de estar eclipsado por Giovanni Gabrieli. No sabemos mucho acerca de la carrera de Grillo antes de 1612, año en que fue elegido organista de la Scuola Grande di San Rocco (en sucesión de Gabrieli). Grillo permaneció en la Scuola y colaboró por cuenta propia en San Marco, donde finalmente consiguió el puesto de primer organista. Debió de ser una figura respetada en su época, puesto que, junto con Monteverdi, fue uno de los compositores encargados de participar en la misa de Requiem de Cosme II de’Medici.
No es justo juzgar la música de Grillo como si sólo estuviese influida por Gabrieli; y así, mientras que un buen número de sus obras están ciertamente compuestas siguiendo el de este último, buena parte de su producción es también lo suficientemente original como para reivindicar a Grillo por sí mismo. Los virtuosos pasajes concertato que se encuentran en algunas de sus partituras instrumentales poseen gran colorido y emoción, y las cornetas de His Majestys Sagbutts & Cornetts los ejecutan muy hermosamente. Las obras vocales son maravillosas. Mientras que no se puede negar la fuerza de los motetes cori spezzati (Misericordas Domini es una joya), motetes como Dic mihi, o bone Jesu y Quam pulchri sunt gressus tuo (compuestos para dos voces y continuo) exhiben toda la capacidad expresiva de la música de Grillo. Además de los instrumentistas y los cantantes, Gary Cooper efectúa una destacada contribución desde el clave y el órgano. CRAIG ZEICHNER