La Semana Santa cristiana es un período de intensa introspección y penitencia que durante el Renacimiento y el siglo xvii halló especial articulación en el Oficio llamado de Tinieblas, que tenía lugar durante los tres últimos días de la Semana Santa. Los textos destinados a estos servicios se dividían en tres Lecciones procedentes de las Lamentaciones de Jeremías.
Fueron innumerables los compositores que les pusieron música, Palestrina entre ellos. Para la última de una larga serie de excelentes grabaciones de Palestrina, el coro de la catedral de Westminster ha elegido la Tercera de las cuatro Lamentaciones que han llegado hasta nosotros. A diferencia de la grabación Chandos para Musica Contexta, no se intenta la reconstrucción litúrgica añadiendo responsorios, que Palestrina no compuso a diferencia de Victoria y Gesualdo.
Uno no espera aquí las emociones oscuras y abrasadoras que se encuentran en las pasiones de Victoria, aunque hay un nivel de disonancia marginalmente mayor, así como una modesta pintura del texto que distingue estas partituras de gran parte de la música de Palestrina. El compositor se sirve de contrastes infinitamente sutiles de textura vocal y de color para revestir unos textos que no dejan de ser sombríos ni un momento.
Así pues, la luminosa escritura para las voces altas se yuxtapone a la oscura sonoridad de tenores y bajos; las abundantes secciones a solo para estos últimos dan testimonio de la fuerza de los cantantes adultos del coro de Westminster, cuya elevada tradición como conjunto se mantiene gracias a la interpretación bellamente ponderada, que se caracteriza sobre todo por una dicción asombrosa y por una afinación prácticamente sin mácula. Es ésta una música de rara belleza, que transmite una profunda espiritualidad al oyente receptivo. BRIAN ROBINS