Este disco –el primero de dos volúmenes– contiene una soberbia lectura de tres de las obras para violín solo de Bach. Las interpretaciones de Jacqueline Ross son elocuentes y fluidas, tan detallistas como espontáneas. Ross es del todo consciente de la delicada complejidad de la escritura de Bach: los meandros y los giros de su fraseo, sus sorpresas armónicas, así como su diálogo interno, de cuyas líneas melódicas obtiene su textura polifónica.
La violinista interpreta estas obras con declamatoria flexibilidad, introduciendo sutiles inflexiones dinámicas y haciendo uso de una articulación, timbre y tempo que siguen con precisión los contornos de esta música. Con todo, su retórica aproximación nunca resulta afectada. Su continua atención a los detalles y figuras individuales, por otro lado, podría haber sido algo forzada, algo que nunca ocurre; en ningún momento sacrifica la fluidez natural de la música (su flexibilidad rítmica es admirable), y su cuidado por los matices contribuye, asimismo, a resaltar la minuciosa estructura de la partitura.
Por otro lado, Ross reacciona con sensibilidad al aliento expresivo de la música bachiana, mostrando, cuando es apropiado, un brillante virtuosismo, una danzable elegancia, una elegíaca profundidad. Tengo algunas reservas muy concretas; la Siciliana de la Sonata en sol menor, por ejemplo, me resulta algo árida y calculada, con algunos momentos de aspereza. Pero se trata de objeciones mínimas, y no afectan seriamente a estas extraordinarias versiones. Ya estoy esperando con entusiasmo el segundo volumen. URI GOLOMB